Qué buena pregunta! Debo confesar con tristeza que la respuesta es no. En ocasiones las cosas del día a día las hago de manera tan mecánica que ni me detengo a pensar si existe una manera mejor o diferente para hacerlas.
Ahora que me pongo a pensar, seguro que existen mil maneras de abordar las cosas cotidianas y salir de la rutina. Por ejemplo, cómo despertar a mis hijas en la mañana: normalmente me acerco a sus camas, las llamo por su nombre y luego empieza la lucha para ver si se levantan o no. Pensando otras maneras, podría ser que las despierte haciéndoles cosquillas en los pies, con un beso, con un balde de agua fría (no hay que ser tan delicados siempre jajajaja) y otras cosas por el estilo.
Me ha gustado el ejercicio que propone esta pregunta. Haré un par de propósitos para aplicarla: empezar a despertar de manera diferente a mis hijas y variar los caminos de recorrido a mi trabajo (siempre que el tiempo me lo permita, no olviden que soy impuntual).
Pues estoy intentando aprender un nuevo idioma de forma autodidacta, y eso nunca lo he hecho. Aprender idiomas sí, es parte de mi cotidianidad, pero aprenderlo sin un profesor presente es un nuevo giro a la tuerca.
Recién hace dos o tres días me corté el cabello. Siempre lo hago yo misma, dando tijeretazos a diestra y siniestra hasta que se me cansan los brazos, pero esta vez busqué asesoramiento en videos de youtube y aprendí a degrafilarme las puntas. Y como co-creadora de mi mundo, vi que eso era bueno. :)
En la cocina suelo inventar porque no me gusta comer siempre lo mismo, pero el arroz con pollo del domingo fue especial, fue una manera nueva de:
1) hacer comida tradicional cubana, que tiene mucho más que el picadillo a la habanera y el potaje que suelo hacer, y
2) hacer pollo, que no siempre hay que comerlo en salsa, ¿verdad?
Ah! Y estoy intentando una nueva distribución de mi tiempo, a ver si así me alcanzan las horas para todo lo que quiero hacer, pero no sé si esto cuenta como respuesta.
En general trato de cambiar las cosas de vez en cuando. Me gustan las rutinas, pero incluso ellas necesitan un giro con cierta frecuencia para no morirme del aburrimiento. El letargo es uno de mis enemigos jurados y un pequeño cambio suele abrirme los ojos a las maravillas del día a día.